La introducción de una enmienda en la Ley Concursal centrada en la posición futura en la magistratura de la actual fiscal general del Estado, Dolores Delgado, ha convertido esta ley en un tema de candente actualidad por la inhabitual de intentar blindar una plaza a la fiscal general a través de una ley que nada tiene que ver con su posición en el escalafón. Detrás de esa enmienda, existe una ley de gran importancia para la gestión empresarial y, en especial, para el mundo jurídico. Lo hemos comentado con Michel Orozco, presidente de la Asociación Nacional de Entidades Especializadas (ANEES), quien nos ha contado el estado de tramitación de dicha ley y sus efectos.
Orozco nos ha aclarado en qué consiste exactamente la reforma de la Ley Concursal, qué efectos tiene tanto para las empresas en crisis como para los juzgados la desaparición de los administradores concursares para las pymes, y si es cierto que la ley impone el pago prioritario a la hacienda pública por delante de permitir a las compañías una segunda oportunidad. Además, como presidente de ANEES, que agrupa a empresas que, mediante subastas, ayudan a negocios en situación de dificultad a generar recursos para poder salir adelante, hemos querido saber en qué les afecta a ellos la reforma de esta ley.
Finalmente, teniendo en cuenta que la ley ha sufrido varios aplazamientos en su debate en el Congreso de los Diputados y que la tramitación se está dilatando –empezó en agosto del año pasado–, le hemos preguntado a Orozco cuándo prevén que esté aprobada y si la van a recurrir.
Compartimos un fragmento de la entrevista:
Pregunta: ¿En qué consiste la reforma de la Ley Concursal?
Respuesta: Básicamente, según su propia exposición de motivos, esta reforma se inspira con el objetivo de conseguir una reestructuración de activos y pasivos para evitar la insolvencia, o bien solucionar las insolvencias ya acaecidas en el caso de actividades que sean económicamente viables con dificultades financieras, facilitando las reestructuraciones del pasivo que garanticen los derechos de los trabajadores y la continuidad de las empresas a la vez. Hasta aquí, todo esto suena muy bien, suena a música celestial, pero, cuando profundizamos en los ejes sobre los que la ley se sostiene, tal y como están planteados, se podría decir que es para echarse a temblar en algunos aspectos.
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